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¿Cuál es la mejor educación para mi hijo?


Estoy segura que si eres padre o madre de familia, la educación de excelencia, es una constante preocupación al momento de elegir el colegio de tus hijos.

Existen tantas escuelas como perfiles de padres. Es decir, no todas las escuelas son para todos los niños o para las expectativas de los padres.

Existen colegios con instalaciones maravillosas de primer nivel, algunos otros que motivan la excelencia y la competencia entre alumnos. Hay padres que eligen un colegio por las actividades extra escolares, por la alberca o el gimnasio.

La educación es un concepto que es mucho más profundo y complejo que asistir a un colegio. Educar viene de la raíz latina “ducere” que significa guiar, conducir. La siguiente pregunta después de conocer este concepto sería ¿Hacia dónde quiero conducir la esencia, la experiencia que se está formando día con día en la vida de mi hijo?

Hace muchos años se creía que el niño inteligente era aquel que era muy bueno con las matemáticas o que leía de corridito, que declamaba con agilidad verbal el poema en el festival de las madres. Sin embargo, en 1983, un psicólogo estadounidense, afirmó que la inteligencia matemática y la inteligencia lingüística son parte de las variadas inteligencias con las que cuenta un ser humano. Entender que el niño que plática, tiene desarrollada la inteligencia interpersonal, que el inquieto tiene una maravillosa inteligencia kinestésica, cambió por mucho el concepto de “niño listo”.

En 1995, el psicólogo Daniel Goleman publicó su libro “inteligencia emocional” donde explica que los niños más inteligentes en la escuela, no son necesariamente los adultos más exitosos o felices en la vida.

Viktor Frankl habla de la trascendencia y del sentido de vida, de fomentar en un niño la voluntad haciéndolo entender que la libertad y la responsabilidad son un binomio, es decir, siempre va uno acompañado del otro.
Genera las oportunidades para que un niño aprenda que es parte de un todo… que él o ella no es el todo.

• Busca situaciones controladas de frustración para motivar la resiliencia y el razonamiento para la resolución de problemas.
• Presenta límites y reglas claras.
• Motiva al niño a elegir y a afrontar la consecuencia natural de sus elecciones.
• Alienta al niño a conocer sus limitaciones, aprender a sentir miedo, sentir tristeza, a sentirse rechazado y aun así estar reconciliado o motivado con su experiencia de vida.
• Genera espiritualidad (no hablo de religión necesariamente). Saber que no somos un pedazo de carne con cerebro caminando. Que somos alguien único que tiene la oportunidad de estar en este planeta para hacer algo bueno por él.

Cono te podrás dar cuenta, esta educación de calidad es la que empieza en casa, es la que se da con el ejemplo y la congruencia en el decir y el hacer.

Existen algunas instituciones, o pedagogos que están trabajando por apoyar a los padres en hacer esta labor, pero al ser un trabajo realmente especializado, es como esculpir una hermosa escultura.

¿Es fácil? En un principio no. Hay un antiguo refrán de un anuncio publicitario que decía “Si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”. En mi experiencia dentro del área de la educación y logoterapia, puedo comentarte que los papás suelen cansarse y darse por vencidos. Que los papás por el poco tiempo que tienen libre por la gran carga de trabajo, sienten culpa y el tiempo que comparten con sus hijos quieren que sea de amor sin límites, ya que creen que no es sano corregirlos en esas pocas horas que están juntos (el no hacerlo genera un problema mayor después).

Ser el padre perfecto o el hijo perfecto está fuera de nuestro alcance. Como humanos somos imperfectos trabajando en construinos y mejorarnos día a día.

El mejor legado que podemos dejarle al mundo es llenarlo de hijos libres y responsables que toquen otras vidas y las mejoren, pero eso no se hace solo. Ánimo: ser exigente, dejarlos resolver, dejar a los profesores que los corrijan, permitir que conozcan la derrota y que ellos mismos se sobrepongan, que enfrenten las consecuencias de sus actos y que sean tolerantes, que sepan que no siempre serán los protagonistas de la obra, del baile, del partido, es bueno para ellos. Al final del día ellos serán adultos, no estaremos siempre para ayudarlos a resolver.

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