Zacualpan, el carnaval de máscaras narigonas
2 abril, 2019
¡Logro superado! 60 kilómetros en bicicleta por la zona minera de Zimapán.
2 abril, 2019
Mostrar todo

Caos y cosmos, causas y azares

El maniqueísmo en su simplicidad quiere hacernos creer que la historia del universo es la historia de la batalla entre dos grandes imperios, el del bien contra el del mal. Que todo cuanto existe, incluyendo a los humanos, pertenece a uno de esos dos ejércitos. Pero ¿quién es absolutamente malo? ¿quién es absolutamente bueno? Los humanos somos una contradicción entre los actos más nobles de desinterés y la barbarie más terrible. Nos debatimos entre el humano de nuestra corteza cerebral y el reptil de nuestro sistema límbico.

Acostumbramos pensar que existen los opuestos absolutos, que de ninguna manera es lo mismo el ser que el no-ser, que son muy diferentes lo bueno y lo malo, lo vivo y lo muerto. Reflexionemos: ¿estamos cien por ciento vivos?, no, nuestro cabello y nuestra piel están muertos, es más, en este instante millones y millones de células en nuestro interior están muriendo y, afortunadamente, otro tanto regenerándose. Nuestra vida se alimenta de muerte, aunque seamos veganos nos nutrimos de vegetales muertos. Este proceso que llamamos vivir es un equilibrio entre vida y muerte, en una tensión armónica como entre el diapasón y las cuerdas de una guitarra.

¿Nuestro universo es resultado de la necesidad o de la contingencia? El término necesario se compone del prefijo negativo “ne” y el verbo “cesar”, lo necesario es lo que no cesa, lo que no puede cambiar, lo que “así debe ser”. El reino de la necesidad lo observamos en lo que llamamos de modo general las “leyes naturales”, esas leyes tan estrictas de las que no podemos escapar y que rigen el funcionamiento del universo. El concepto contrario es lo contingente, lo que puede cambiar, lo que “puede ser”, el azar.

¿Por qué no son perfectos esos hermosos fractales que enraízan el cielo a la tierra? La necesidad determinaría que nuestros preciosos árboles deben ser fractales perfectos, sin embargo son bellos porque interviene el azar: en el proceso de subdivisión aparece la casualidad, un ave decidió posarse en esa rama, una jirafa disfrutó de ese brote, el clima cambió, el viento sopló, algún nutriente faltó. Algo parecido podemos decir de todo el universo, gracias al azar no somos una gran masa de materia uniformemente distribuida en el espacio. Por cierto, universo significa la unidad de lo diverso, la armonía que surge de la tensión entre el azar y la necesidad.

En muchas mitologías se afirma que en el principio era el caos y que lo que hizo la divinidad fue poner orden. En algunas otras se sostiene que nuestro basto mundo es un gran diseño, obra de un gran diseñador. Imaginemos una mitología contemporánea que sostiene que no hay diseño y que el universo es fruto de un infinito laberinto de leyes y de casualidades, un inmenso entramado de necesidad y de contingencia, una urdimbre de causas y de azares.

Comments are closed.