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“No se nace mujer, se llega a serlo”

Po Rubén Soto

Simone de Beauvoir, alguna vez se preguntó si el ser mujer le había supuesto algún problema y llegó a la conclusión que no le había afectado para nada porque tenía su vida profesional e independiente y no había tenido ningún problema en ese aspecto. Pero luego, cambió la pregunta: ¿qué significa ser mujer en una sociedad como la actual? Empezó a analizar y s e dio cuenta que la condición de las mujeres es diferente a la de los varones, lo cual desarrolla en los dos volúmenes de: “El segundo sexo”.

“No se nace mujer, se llega a serlo”, esta frase encierra el núcleo de dicha obra, es decir, lo femenino no es una esencia sino una existencia. “El eterno femenino” es un mito masculino; la feminidad es un constructo socio-cultural. Tenemos, entonces, que para Beauvoir la feminidad es algo artificial, no natural; los factores biológicos no determinan la forma de ser que se denomina, es irracional entenderlo así. La mujer no nace sensible, callada, sumisa, impresionable, dócil, indecisa, inferior al varón, en definitiva, oprimida. Esta es una lectura ideologizada e interesada a partir de los sexos.

“El segundo sexo” es una defensa de la autonomía, por ser ésta un valor cuya aptitud no le era reconocida al sexo femenino; sumado a ello, el lugar de “otredad” y no de sujeto activo que las mujeres ocupan en la ideología occidental (tal vez no muy alejados del pensamiento medio oriental), una forma de pensar que se permea desde el pensamiento religioso hasta el científico, pensemos por ejemplo en el psicoanálisis freudiano.

Beauvoir propone una relación equitativa, terminar con un estado de opresión y reemplazarlo por un estado de distensión, en el que cada cual, mujeres y hombres convivan fraterna y libremente.

Nuestra autora explica ampliamente que para las mujeres la maternidad no es inexorablemente “destino”, sino que la relación lógica de implicación establecida entre ser mujer y ser madre es una de las creencias ancestrales de las sociedades de dominación masculina.

En el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir, el ser humano no es una esencia fija, sino existencia, es decir, proyecto: trascendencia, autonomía, libertad. Por lo tanto, enajenar a un individuo las posibilidades de proyectar su vida por el hecho de pertenecer al supuesto “segundo sexo”, al sexo femenino, es dominación, es injusticia. Su punto de vista dialéctico del ser humano se conceptualiza bajo la idea de situación, lo cual debería considerarse como una de sus mayores aportaciones en lo que a la teoría feminista se refiere, puesto que, de alguna manera, el discurso “científico” sigue teniendo fuertes connotaciones androcéntricas. De ahí que la idea de que la biología puede y debe ser trascendida y subordinada todavía sigue vigente hoy.

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