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Emociones positivas, un reto para la psicología

Por: Ernesto Palma Frías

La inteligencia emocional pareciera que ignorada por los psicólogos tradicionales, como alternativa real de promoción del bienestar y la salud de las personas. Lo es quizá porque se ha querido interpretar como una moda pasajera y que les parece que carece de sustento científico.
Este desdén tiene su origen en que la psicología tradicional se ha centrado en el estudio de la patología y la debilidad del ser humano.
Aquí la inteligencia emocional irrumpe para demostrar que es necesario desarrollar estrategias de intervención basadas en la estimulación de emociones positivas como la alegría, ilusión, esperanza, optimismo, elevación y fluidez.
Los modelos de inteligencia emocional consideran a la elicitación de emociones positivas el factor determinante para ampliar los repertorios de pensamiento y acción de las personas y de construir reservas de recursos físicos, intelectuales, psicológicos y sociales, que le permitirán al individuo enfrentar momentos futuros de crisis.
La importancia de incentivar las emociones positivas está sustentada en la Teoría abierta y construida de las emociones positivas (Braden and build theory oy positive emotions, Fredickson, 1998, 2001), de Bárbara Fredickson, quien ha abierto líneas de investigación centradas en las emociones positivas y su valor adaptativo. De acuerdo con esta autora, experimentar emociones positivas prepara a los individuos para tiempos futuros más duros.
Psicólogos como Seligman y Csikszentmihalyi, impulsores de la psicología positiva, afirman que el cultivo de las emociones positivas se está convirtiendo en un valioso recurso terapéutico y en un poderoso recurso para transformar la vida ordinaria de muchas personas.
A través del conocimiento y práctica de los recursos que permiten a las personas un desarrollo pleno de sus habilidades socioemocionales, que integran el constructo de la inteligencia emocional, se puede afirmar que las funciones de las emociones positivas complementan las funciones de las emociones negativas en un contexto evolutivo.
En su libro La inteligencia emocional, Daniel Goleman se refiere a que la experiencia de las emociones negativas supone para la salud física, un riesgo tan grande como el hábito de fumar, aunque el equilibrio emocional puede ayudar a proteger nuestra salud y bienestar.
Aunque aún resta por superar las limitaciones de las investigaciones sobre los procesos emocionales, la psicología positiva aporta elementos para considerar que la elicitación de las emociones positivas puede ser una alternativa generadora de salud y bienestar para las personas, que constituye un recurso científico que debe impulsarse en beneficio de la gente de todos los estratos sociales, pero con mayor énfasis de aquellas personas que viven en la marginación y la pobreza.
Cabe la reflexión personal de que los avances científicos en materia de salud mental y emocional, están sacudiendo la forma en la que la psicología contemporánea debe asumir su responsabilidad frente a la necesidad humana de considerar no solo sus patologías y defectos, también sus fortalezas y su capacidad de asimilar y gestionar su vida emocional positiva para la construcción de su salud y bienestar.

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