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El viaje sensorial de “La Tierra aún se mueve”

El Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) permite observar un mar de miradas contrastantes, que da cabida al cine de denuncia y hasta los ejercicios audiovisuales que se centran más en la imagen que en un discurso, como el caso de “La tierra aún se mueve”, cinta de Pablo Chavarría que participa en el ciclo Ahora México, y revista Acrópolis tuvo oportunidad de entrevistar a Eli Zavala, productora y actriz de la cinta experimental.

¿Cómo surgió la idea de “La tierra aún se mueve”?

“Surgió primeramente de la inquietud por trabajar con Pablo. En el primer acercamiento con él, quien no había trabajado con actores profesionales antes de esta película, establecimos la premisa de permitir que el trabajo actoral fuera un centro de tensiones múltiples más que dirigirlo a construir personajes concretos.
“De ahí empecé, junto con Susana Herrera, la otra actriz de la película, una indagación en donde dialogamos con un poco más de 70 mujeres provenientes de todos los caminos de la vida, mientras eso ocurría por nuestra parte, Pablo iba alimentando (además de su propia propuesta como director) nuestro acercamiento a su proceso y nos dió textos de Derrida, Agamben… discutimos la posibilidad de rupturas temporales, la ética del gesto, la tensión de un simple movimiento y todo eso termina por alimentar a la película mediante movimientos fragmentados del cuerpo que se reflejan en una mano, un ojo, un pie, la espalda, las misma sombra”.

¿Cuáles fueron los retos de producción que tuvieron para concretar la realización de esta cinta?

Puedo decir que este proyecto, igual que la película en sí misma, fluyó desde un inicio. Desde la primera inquietud compartida con Pablo, pasando por todo el proceso de realización hasta ahora que la película empieza a tener vida frente al público.
“Innegablemente, como en todo proceso creativo, hay momentos de tensión provocados por la necesidad de resolver alguna cuestión trascendente para la obra. En este proyecto, creo que esos momentos fueron pocos, el primero fue creativo y correspondía a cómo resolver la textura acuosa que Pablo quería para la película, estuvimos muchos meses diseñando prototipos, haciendo pruebas con diferentes elementos, hasta que el fotógrafo de la película José Luis Arriaga diseñó y construyó un artefacto que permitió contener agua frente a la cámara y jugar con las tensiones orgánicas de la misma dentro de la imagen. Una genialidad.
“Otro correspondió más a la parte ‘fría’ de todo proyecto cinematográfico: el financiamiento, pues si financiar un proyecto cinematográfico convencional es en sí un trabajo muy laborioso, ¡imagínate lo que implica buscar y reunir los fondos necesarios para hacer una película experimental!
“Afortunadamente hubo una empresa ‘de las grandes’, Cervecería Cuauhtemoc Moctezuma/Heineken y Cerveza Indio, que creyeron en la potencialidad y la propuesta de la película y se subieron al barco para hacerla posible. Eso es alentador para la nueva cinematografía mexicana que apuesta por nuevas formas de expresión”.

¿A qué recursos audiovisuales recurre Pablo Chavarría para plasmar esta idea del movimiento?
“Al agua definitivamente. A las tensiones orgánicas producidas por el agua misma, al juego de luces y al sonido asíncrono”.

¿Por qué el movimiento como eje central de la cinta?
“Creo que se debe a la potencia misma de la existencia que siempre está siendo, recibiendo, fluyendo como el agua que tanta presencia tiene en la película”.

¿Cuál es el objetivo de este ejercicio audiovisual?
“Explorar las potencialidades de las formas audiovisuales buscando crear una obra que sea sensorial más que intelectual, perceptiva más que lógica… Una obra viva y sensible”.

¿Qué buscan transmitir con esta cinta?
“No sé si podamos decir que queremos transmitir algo, creo que incluso podría ser una violencia el buscar eso pues impide el ejercicio de percepción individual, personal, de quien la observa y quiere adentrarse en el viaje que propone la película, más bien, creo que es justo eso lo que buscamos: presentar un ejercicio cinematográfico que exploré nuevas formas de expresión del movimiento y que le permita a quien la vea tener un viaje sensorial personal”.

¿Qué encontrará la audiencia al ver “La tierra aún se mueve”?
“Un viaje sensorial, perceptivo, intuitivo. Definitivamente…”

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