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El acompañamiento abortivo, construyendo experiencias no traumáticas para las mujeres.

Las leyes que rigen al estado de Hidalgo castigan el aborto hasta con tres años de cárcel y hasta dos en los casos de mujeres extremamente pobres y excluidas; además, aquellas (mujeres y niñas) que hayan sido víctimas de un ataque sexual deben “pedir permiso” a las autoridades para tener el derecho de interrumpir su embarazo.

A pesar de que en Hidalgo la constitución no “protege la vida desde su concepción” de 2007 a 2018 se han ingresado 237 denuncias contra mujeres por haberse realizado abortos inducidos y durante ese periodo, 1 mil 065 mujeres hidalguenses se realizaron el procedimiento en Ciudad de México, donde se permite la Interrupción Legal del Embarazo (ILE).

Sin embargo, no todas las mujeres que tienen la necesidad de realizarse un aborto, tienen la oportunidad de viajar a Ciudad de México y muchas de ellas no cuentan ni con la información, ni con los recursos económicos para realizarse un aborto de manera segura.

Sabedora de estas complejidades, Jazmín M. acompaña desde hace diez años a aquellas mujeres que desean practicarse un aborto seguro.

Durante ese periodo ha acompañado el proceso de más de 200 mujeres y revela que la realidad no obedece a los estigmas que la sociedad ha impuesto a quienes toman una decisión sobre su propio cuerpo.

El aborto, afirma, no es exclusivo de mujeres jóvenes, pobres, o inmaduras; sino que durante su experiencia ha comprobado que los casos también se dan en personas adultas que ya son madres, que tienen un trabajo y una pareja estable, e incluso, que antes de buscar su apoyo, juzgaban y señalaban de asesinas a quienes decidían tener un aborto.

“No hay un rubro de mujeres en cuanto a nivel económico social o de pareja, conmigo han asistido desde las chicas más pobres hasta las que tienen más dinero o la que esta casada y tiene tres hijos. Me he encontrado hasta con mujeres que juraban que nunca en la vida iban a abortar, que juzgaban a las que lo hacían, que les parecía una falta de responsabilidad, un asesinato.

¿Por qué la criminalización de las mujeres?


Para Jaz, el discurso predominante en cuanto a la criminalización y la estigmatización hacia las mujeres que deciden interrumpir sus embarazos, no obedece a una intención de los sectores conservadores a defender “la vida” sino a un discurso moralista que no asume que, tanto hombres como mujeres pueden disfrutar libremente de su sexualidad.

“En realidad ni siquiera juzgan tu error, sino tu vida sexual; porque el discurso siempre va acompañado de un: para qué anda de caliente o para queé anda abriendo las patas, o sea, para qué anda disfrutando de su sexualidad, para qué lo hace, porque si no es con fines de reproducción, no es valido.

¿Qué es un acompañamiento?

El acompañamiento que realiza, sin remuneración o ganancia para sí misma, consiste no solo en proveer las medicinas necesarias para inducir el aborto, sino en ayudar a las mujeres a prepararse física y emocionalmente antes de someterse a un proceso, siempre complejo y doloroso, aun cuando ellas así lo hayan decidido.

Se trata de proveer una atención fuera de prejuicios en la que se respete la decisión de las mujeres, sean cuales sean las causas que las hayan llevado a elegir la interrupción de su embarazo.

Durante un procesamiento como este, señala, es preciso resolver todas las dudas de las mujeres, hablar sobre las sensaciones físicas y emocionales que atravesarán, así como de los posibles riesgos y el camino a seguir tras el procedimiento inicial para que éste, se concluya con éxito.


“A veces la gente piensa que un aborto va a ser en una clínica con condiciones insalubres, con personas bien feas atendiéndote, tirada en una plancha con las piernas abiertas y con mucha sangre y no tiene que ser así, no tiene que ser trágico ni doloroso es lo que se busca con ese tipo de acompañamientos, que no sean experiencias desagradables, porque sea cual sea la condición, ninguna mujer goza abortar”

¿Cómo es el proceso?


Anteriormente para inducir un aborto se empleaba el Misoprostol, un medicamento que se utiliza también para combatir la gastritis, pero que al inducir contracciones uterinas, se utilizó con fines abortivos.

En los abortos que se realizan con Misoprostol, se pueden utilizar de ocho a doce comprimidos, que se toman en grupos de cuatro pastillas cada cuatro horas; la dosis, explica se da en función de las semanas gestacionales de la mujer y el procedimiento puede durar hasta 18 horas, aunque el sangrado puede persistir hasta por dos semanas.

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece un protocolo abortivo en el que se emplea una segunda sustancia, la Misfepristona, utilizada para preparar la matriz y adelgazar el endometrio de las mujeres para facilitar el procedimiento.

Con este protocolo, explica Jaz, se utilizan únicamente cuatro pastillas de Misoprostol y su impacto en el cuerpo de las mujeres es mucho menos agresivo, además de que el tiempo del aborto se reduce a 12 horas aproximadamente.

Además, dicho protocolo permite el uso del Ibuprofeno para contrarrestar los cólicos y el malestar en el cuerpo de las mujeres, pues no todas las sustancias pueden combinarse con el Misoprostol y la Mifepristona, debido a sus diversos efectos.

Una vez concluido el procedimiento inicial, las mujeres deben realizar una prueba de embarazo, así como un ultrasonido endovaginal, para corroborar que no haya quedado algún residuo que a la postre, pudiera provocar una infección vaginal.

Tejiendo redes

Jaz forma parte de una red nacional de acompañantes que surge en Ciudad de México frente a la necesidad de apoyar y respaldar a quienes no cuentan con los recursos suficientes para asistir a la capital del país a practicarse el procedimiento.

La necesidad y la pertinencia de la red se hizo evidente cuando las trabajadoras de una clínica abortiva en la Ciudad de México establecieron contacto con una adolescente de 15 años que las buscó a través de la red para solicitar su asesoría.

La adolescente, que carecía de los recursos informativos y económicos para inducir un aborto sin poner en riesgo su salud, acudió con la curandera de su comunidad quien le recetó beber algunos tés e introducir una rama de apio en su vagina hasta que comenzara el sangrado.

El sangrado no llegó y debido a que se trataba de una atención virtual, las mujeres de la clínica no pudieron dar seguimiento al caso, por lo que nunca supieron cual había sido el destino de la adolecente.

A raíz de esto se creo una red de acompañantes a nivel nacional, que cuenta con asesoría médica y jurídica y que desde los diferentes estados de la república busca acompañar en los procesos abortivos a cualquier mujer, sin distinción de raza, sexo, edad o condición económica.


Su experiencia


“Tuve una actividad muy difícil en el grupo en donde estaba; salió el tema del aborto y fue una actividad muy fuerte porque yo no me había dado cuenta que de cierta manera, pues lo que yo hacia me dolía. Me encontré con una mujer que estaba sanando el proceso del aborto, salió otra y otra y vi que había mujeres que sufrían tanto por haber tenido un aborto, a pesar de que ellas así lo querían.

Entonces pensé en todas las personas que he acompañado, y en ese momento yo me creí la idea de que estaba ahí para crear vida, no para quitarla.

Ese día salí de ese lugar y dije que yo nunca más iba a volver a hacer un aborto, tenía unas pastillas todavía en mi casa y dije que cuando se acabara iban a ser las ultimas… resultó que me las acabé yo.

Esa fue la prueba más grande, como si la vida me hubiera dicho: vívelo y elige si sí o si no y en ese momento entendí que yo podría seguir ayudando a muchas mujeres que lo necesitan y entendí que lo quería hacer bien."

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