Editorial
19 diciembre, 2016
Mario Rico, subprocurador con formación humana
19 diciembre, 2016
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Crónica de una Navidad creciente

Los detectores silban al distinguir metal, oficiales de policía cachean ropa, cinturones, celulares, dan paso al siguiente; filas para hombres y filas para mujeres y niños, hileras de segregación que imponen orden momentáneo, una vez libradas la plaza Juárez alberga en igualdad.
Son las 6:45 de la tarde.
La prensa también es diferenciada. Un gafete al cuello, “pórtelo hacia enfrente por favor”, el ingreso por la parte anterior al edifico gubernamental. Esperamos en la sala alfombrada para medios, tres pantallas transmiten el preludio del encendido del árbol, las puertas mitigan solo un poco el sonido de una ciudad reunida, una foto grupal para el fluir del tiempo, pasan 25 minutos.
El trío de televisores enfoca un grupo entre el público, prisas en la alfombra y puertas abiertas, organizadores que dirigen a cámaras y grabadoras, una columna con acreditaciones sale hacia la plaza llena de noche y multitud, una vaya libera el pasillo entre la audiencia y el escenario, los flashes toman prisa en disparar hacia el grupo escoltado por cámaras y luces, donde el gobernador Omar Fayad Meneses brinda un inusual discurso por su extensión: “disfruten el espectáculo y tengan felices fiestas”.
El grupo que rodea al gobernador camina hacia una de las dos tribunas, toma asiento entre estudiantes de instrucción básica, niños y niñas vestidos de azul, con gorros blancos coronados en borla; en la punta del árbol que está a punto de encenderse, una hache tricolor sustituye un lucero sexenal, una estrella fugaz que cumplió el deseo de unos cuantos, una estrella fugaz que dejó una estela de millones de deudas…
Llega el silencio. El escarlata se apodera del escenario, leñadores de orejas puntiagudas hacen su trabajo y resultan impotentes al hurto de la Navidad encarnado en áulicas formas femeninas, un héroe fortuito es encargado del rescate, la acrobática travesía multicolor es seguida por un arlequín bullicioso con más sonrisa que valentía.
Gnomos, enanos embestidos en metal, una bruja no tan oscura y sus cuervos guardianes nativos de una novela steampunk conciertan el ejército de salvación para la nochebuena, los juegos pirotécnicos explotan en naranja y amarillo mientras las llamas frente al escenario germinan altaneras, deflagraciones apreciadas en la piel de quienes estamos a unos metros, la noche estalla en fuegos blancos y verdes que no diferencian espectadores, el escenario detona en vítores por la salvación de la navidad mientras la estrella arbórea es iluminada sin aviso, las bombas multicolor revientan su efímera vida en sucesión incontenible iluminando ya no a hombres y mujeres, niñas o niños, gafetes, organizadores u oficiales, sino a una sola plaza, a una sola ciudad, a una sola Pachuca.
Omar Fayad da un último mensaje: “¿vale la pena que lo hagamos? (…) La respuesta que me da la gente, sí es importante convivir, es importante convivir en familia”. Luego, los asistentes se retiran.
La plaza queda en silencio como la letra hache que brilla sobre el árbol, una letra que por hábito es silenciosa, una hache que recién fue encendida y espera algo que decir. Al menos, por esta noche, ha dicho un mensaje:
Feliz Navidad.

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