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Claves de la migración hidalguense y el acertijo Trump

En la furiosa embestida que Donald Trump despliega contra la realidad, un rubro particularmente sensible, por sus consecuencias sociales y económicas, gravita entre las prioridades de la administración estadounidense: la migración indocumentada y su eventual deportación.
Ubicada por el propio Trump, a lo largo de su campaña electoral, como propuesta medular en su plataforma política, la deportación masiva de inmigrantes adquiere una dramática importancia para la supervivencia política del presidente norteamericano. En la ejecución de tal medida se cifra, sencillamente, el respaldo social que le es urgente dada la crítica condición de su popularidad.

11.1 millones de inmigrantes

De acuerdo con el Centro de Investigaciones PEW, en Estados Unidos radican, hacia el 2014, cerca de 11.1 millones de inmigrantes indocumentados, de los cuales, 52 por ciento ─5.8 millones─ corresponde a ciudadanos mexicanos.
En lo que toca a Hidalgo, según datos estimados por el Instituto de Mexicanos en el Exterior, en el país del norte se establecieron 316 mil 756 hidalguenses, ubicando al estado entre las 10 entidades con mayor flujo migratorio.
Aunque acotado por las consideraciones fácticas de la medida, el acento persecutor sobre la inmigración indocumentada tendría diversas consecuencias en ambos lados de la frontera. De hecho, ya las tiene.

Consecuencias

Desde Estados Unidos llegan al país insistentes noticias que consignan el nerviosismo de la población mexicana que ahí reside; mientras tanto en México, un discurso falsario se apropia con lentitud de la opinión pública.
En él, la repatriación de los connacionales adquiere tintes dramáticos, asumiendo acríticamente la aparente debacle que sobre la economía mexicana se cebaría, además de aducir tortuosos argumentos sobre las supuestas dificultades de su adaptación cultural.
Lo cierto es que de aumentar el flujo de mexicanos que regresan a su lugar de origen, la sociedad entera se haría, con inesperada rapidez, de un grupo social particularmente valioso. Trabajadores calificados y, sobre todo, capitalizados que con las políticas públicas adecuadas podrían detonar un vigoroso ciclo económico, además de enriquecer las posibilidades culturales que su diálogo con ambos mundos trajo consigo.

Preocupación migratoria

En días pasados, Juan de Dios Hernández, titular de la Oficina de Atención al Migrante en el Estado y el Extranjero, aceptó que existe preocupación ante la deportación de migrantes por parte de las autoridades estadounidenses, sobre todo a la zona del Valle del Mezquital y de Tulancingo.
Ante la situación, varios organismos despliegan distintas estrategias, como la red de organización que mantiene el Consejo Supremo Hñahñu, la cual implementó una campaña para difundir los derechos de migrantes y mecanismos legales de defensa.
Según el diputado Ernesto Vázquez Baca, los hñahñus se han concentrado en seis estados de ese país: Arizona, Chicago, Florida, Texas, Georgia y Nevada.
Además, jóvenes de la organización desarrollan una aplicación electrónica: el ABC del migrante, la cual proveerá información sobre derechos humanos, leyes migratorias de ambos países, directorios de consulados, así como de abogados y despachos jurídicos especializados, y un foro web para intercambiar experiencias. No obstante, proyectar a los inmigrantes mexicanos residentes en Estados Unidos la posibilidad de continuar su vida productiva en el país, es no solo deseable sino necesario.
En ese contexto, Hidalgo tiene ante sí el reto institucional y social de capitalizar las posibilidades del posible retorno de una parte de sus ciudadanos, brindándoles el respaldo necesario para su adaptación pero, sobre todo, para estimular su potencial laboral, económico y cultural.

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