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Autopsia de un corazón roto

Hora del suceso: 10:45 am
Motivo: Simple, un ajuste de cuentas entre el occiso y el perpetrador
Lugar: la cafetería anticuada de un hotel

Fue una suerte que me topara con esta exclusiva, no todos los días te encuentras al amor en persona para entrevistarlo y mucho menos después de haber cometido un crimen como este, o eso fue lo que creía hasta que lo conocí.
Entré aquella mañana a la cafetería estancada en la década de los 70 de ese hotel anticuado, sin saber lo que me esperaría a los pocos minutos… mi redactor me dio la grandiosa encomienda de cubrir el tercer congreso de podólogos en San Pascualito del Cardonal y para colmo el coche rentado se descompuso a mitad de la nada en puente del día del trabajo y el único mecánico del pueblo, cuyo nombre borró el tiempo, llegaría hasta el lunes en la noche, no me quedó otra opción que esperar hasta volver a mi redacción, sin ninguna historia.
En ese solitario lugar se encontraban la cocinera, una mesera extremadamente aburrida, un hombre de 40 y tantos, sentado en el gabinete del fondo mirando al infinito y una mujer pequeña, delgada y de tez canela que bebía un café en la barra. Me senté en una mesa con mantel de cuadros y pedí el paquete dos del menú de desayunos.
Transcurrieron 10 minutos cuando fui a lavarme las manos y todo se desató: reclamos incomprensibles, gritos, platos chocando contra el piso, el sonido histérico de los tacones de la mesera y el cierre de las puertas del restaurante.
Salí asustada del baño para ver qué pasaba y vi al hombre de la mirada ausente en el piso y a la mujer canela inclinada sobre él.
−Su corazón se rompió… por cierto hola, soy el amor− me contestó y comencé mi entrevista sin entender lo que estaba pasando
− ¿Por qué lo hiciste?
−Yo no lo hice, fue el tiempo, el dolor, la desconfianza, la codependencia… fue la muerte quien lo hizo, pero yo no. ¿Por qué siempre le echan la culpa al amor cuando sus corazones se fragmentan en pequeños pedazos de cristal?
− ¿Qué pasó entonces?
− Lo natural cuando enfrentas preguntas crueles a seres intangibles como yo.
− Morir por preguntarle al amor el porqué de tu última decepción amorosa, no me parece muy natural.
− Reporteros, siempre haciendo deducciones antes de tiempo, por eso sus relaciones pocas veces funcionan, ¿quién hablo de morir? Me refería a obtener respuestas y no fue una decepción amorosa, simplemente todo lo que amaba se esfumó, la risa de su hija, la mirada de su esposa, la voz sabia de su madre, la fuerza de su hijo y al final su propia alma… todo porque no pudo soportar la verdad.
− ¿Cuál es esa verdad?
− Que no se puede vivir sin amor, porque el amor es la razón de todo.
− La razón de todo– susurré intentando comprender sus palabras.
− Estoy en todos lados y cualquier momento, habito en todos, desde el primer ser unicelular hasta el último que viva en este planeta, aun así, con todas las bondades que ofrezco, siguen sucumbiendo a mi lado oscuro, a mi ausencia y mis mentiras de jarabe transformadas en veneno.
−Me equivoqué− dijo entre sollozos el amor− me equivoqué al creer que verían lo que veo en ustedes, que entenderían el significado de mí y no me arrancarían de sus vidas por saborear la misma amargura con la que debo vivir todos los días. Me odio y me amo al mismo tiempo, pero siempre pienso que a través de ustedes puede ser mejor. Pero me equivoqué y lo siento.
El amor se derrumbó encima del cuerpo inherte del hombre y ante mis ojos abrió su pecho para sacar un corazón de cristal en cuyo interior brillaban rubíes con el mismo ritmo de un palpitar para remplazar el órgano destrozado.
Amor introdujo con cuidado el receptáculo vital, después tomó como propio el corazón fragmentado del hombre, me miró con los mismos ojos con que yo vi en millones de ocasiones al espejo, después de una ruptura, sin embargo, tenía un aire diferente de aceptación ante el dolor de una situación interminable.
El silencio y la oscuridad se adueñaron del lugar y como en un bucle de tiempo, volví al momento en que ordené mi paquete dos de los desayunos.

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