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Ágora

El Valle del Mezquital, región de Hidalgo, se caracteriza por su ardor, no solo hablando de cuestiones climatológicas, también por la violencia que generaliza a su gente.
En temas tradicionales o modernos, municipios como Actopan o Ixmiquilpan siempre dan de qué hablar por sus usos y costumbres, como el constante querer de linchar a los delincuentes, ejerciendo justicia a propia mano.
El más reciente de los casos fue la ola de eventos desafortunados ocurridos en ambos municipios en fechas recientes, ante el alza en los precios de combustibles.
Enojados por esta medida implementada a nivel nacional, pobladores del Valle quemaron Oxxos, tomaron gasolineras, cerraron carreteras, convocaron a marchas y sostuvieron enfrentamientos con policías; los resultados fueron devastadores y dejaron dos muertos.
Miles de posturas tomaron los ciudadanos que no participaron en los conflictos, quienes desde sus trincheras criticaron el actuar de los ciudadanos que saquearon tiendas departamentales, mostrando indiferencia o apoyando la causa.
Sin embargo, es conveniente considerar que “la ley no es inherente a lo justo y lo equitativo; lo justo no viene dado por la revelación, es una noción profana y secular, una creación humana que significa que la existencia de la ley supone la existencia de una decisión sobre lo que está bien y lo que está mal, lo justo y lo injusto, y esta decisión se sostiene por medio de la fuerza de la ley, en suma, se convierte en una relación tautológica”, como indica Juan Pegoraro en la recopilación Conflictos sociales, luchas sociales y políticas de seguridad ciudadana (2013).
Esto significa que vemos el conflicto basados en el actuar de la ley, vemos e nuestros vecinos “unos revoltosos” que saben ejercer presión de otra forma que no sea la violencia.
No debemos olvidar que las revoluciones derivan de un hartazgo social, que la violencia e inconformidad son necesarias para romper el círculo vicioso del ejercicio del poder. Como indica nuestro autor: ignorar en un enfoque sociológico la importancia del delito y la violencia en la creación de una sociedad o, mejor dicho, en la construcción de la sociedad, significaría olvidar o negar la historia humana.

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