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PRI: el inicio del fin o el camino a la centuria

El fin de semana pasado el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Hidalgo dio por iniciado el camino hacia el proceso más complicado de su historia, pues en 2022 por primera vez enfrentará a una fuerza de oposición con posibilidades reales de arrebatarle el poder, escenario que, sin duda, también pone en juego su supervivencia como institución político en el futuro próximo.

Tras los resultados electorales de junio pasado, que dejaron al tricolor únicamente con el control de cuatro estados –entre ellos Hidalgo–, las veladas confrontaciones entre los dos principalmente aspirantes tricolores a suceder a Omar Fayad Menes en el palacio de gobierno y las encuestas que colocan a Morena como el puntero en la preferencia del electorado de cara al siguiente año, las dirigencias local y nacional apresuraron el paso y exigieron de los priistas la “unidad”, como la única vía garante en su intento por retener el Poder Ejecutivo estatal, que han detentado ininterrumpidamente por más de 90 años.

Con un lugar visible para los contendientes que llevan mano: la secretaria general del PRI nacional, Carolina Viggiano Austria, colocada en una aparente posición de privilegio rumbo a la nominación, y el alcalde Israel Félix Soto, proyecto del mandatario en funciones, así como para otros perfiles que solo servirán para engrosar la lista, durante la sesión sabatina del Consejo Político Estatal se dio el primer acto de “unanimidad” disfrazado de democrático: las próximas diputadas y diputado federales de representación proporcional (colocados ahí por Viggiano, junto a ella) eligieron a la exsecretaria de Educación Sayonara Vargas Rodríguez como la coordinadora de los legisladores hidalguenses.

Con esa consigna de unidad, la que entienden como el alineamiento al proyecto que sus líderes marquen rumbo a 2022, los tricolores fueron llamados a defender la posición de poder de la que nunca han caído. Con los intereses divididos, como hasta ahora han mostrado rumbo a la sucesión, lo saben, Morena logrará la esperada por muchos alternancia política, pero disciplinados como solo ellos, permanecerán en la contienda.

Al menos en el discurso, distante por el momento de cargadas de facto, el escenario quedó emparejado para los aspirantes, con la promesa de que la postulación se dará bajo los criterios de “competitividad” y “rentabilidad”, tomando en cuenta al priismo del estado y, según Alejando Moreno Cardenas, presidente del Comité Ejecutivo Nacional, bajo la conducción de Fayad.

Tomando la bandera de los resultados de 2020 (con triunfos distantes a los de 2021), al mensaje alegórico del bastión priista también se le dio peso, un panorama que Hidalgo ya solo comparte con Estado de México y Coahuila, donde se desconoce la alternancia.

La preocupación de los grupos de poder al interior del partido no puede ser menor, pues perder por primera vez el control del Ejecutivo estatal en esta coyuntura dejaría al instituto político local en el desamparo, en una posición desconocida: en la esquina de la oposición. Si bien la primera vez que perdió la presidencia el PRI supo reagruparse bajo el poderío de sus gobernadores, esta vez la cartera de mandatarios es bastante reducida.

Aún es temprano para los pronósticos cargados de triunfalismo o los derrotistas. Falta poco más de un año para saber si el banderazo del sábado pasado es el principio del fin del priismo en Hidalgo o si ese partido se acercará a la espeluznante cifra (por donde se vea) de una centuria controlando uno de los estados más marginados del país. Cual sea el resultado, el camino será rocoso.

 

 

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