Llega el verano y con él las vacaciones, la playa, los bikinis, los celos y las ganas de usar gafas para ocultar la dirección de nuestras miradas cuando vamos de la mano, caminando sobre la arena, intentando pensar en otras cosas para no fijar la atención en los cuerpos bronceados. ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué sentimos cuando nuestra pareja lo hace?

No puedo evitar ver

No es que nuestra pareja o nosotros seamos unos voyeristas sin remedio, estamos acostumbrados a vivir bajo normas de conducta y vestimenta, entonces te enfrentas a un lugar en que está permitido por la sociedad, el clima y el paisaje, utilizar prendas diminutas. El calor externo, la tranquilidad de no tener obligaciones y la relajación nos colocan en un estado propicio para desinhibirnos. Un estudio de la Universidad de Michigan explica que las parejas que realizan su luna de miel en lugares cálidos, tienen más relaciones sexuales que quienes van a lugares fríos.

¿Qué le mira si estoy mejor yo?

No importa si el cuerpo que deseamos ver es el de Alessandra Ambrosio o de la Bodoquito, el de Chris Evans o el de Don Ramón, posiblemente lo que nos atrae no tiene fines sexuales. Una mirada, piel perfecta, el cabello, la sonrisa, algunas formas corporales nos pueden llamar la atención.

Dijimos “taquito de ojo”, no la taquería completa

Si detectamos que se me está pasando la mano en ver a alguien más o mi pareja de plano ya ni presta atención, hay que manifestarlo, no queremos pelear ni arruinar las vacaciones con una escena de celos.

Ahora va la mía

Un poquito de ejercicio, alimentación balanceada y saludable para vernos y sentirnos mejor, evitará en gran porcentaje esas miradas a otros bikinis, causemos en nuestra pareja no una ni dos miradas, sino su atención completa. También podemos sacarle provecho a la situación, unas prendas ligeras y la relajación antes mencionada nos puede provocar la noche más placentera de nuestras vidas.