En estas fechas aparecen los vestidos con brillos, los anillos que marcan el logro alcanzado después de muchos años de estudio; con el birrete y su borla que denota distinción y rango, me vienen a la mente dos frases: “la vida es una dona” y “la muerte es la graduación de la vida”.
Sabes bien cómo es una dona y la distingues de los otros panes por sus características. Es redonda y tiene un hoyo, pero un bagel tiene también esas características, así que necesitaríamos más adjetivos para describirla.
La dona también es dulce, suave y tiene una cubierta que puede ser azúcar espolvoreada, chocolate fundido o glaseado y estoy segura de que nunca has ido a quejarte con el panadero porque tiene un hoyo.
Pues bien, la vida es como una dona, tiene características específicas:
• Es injusta. Piensa un poco y dime si conoces a alguien que no haya sufrido a lo largo de su vida una injusticia.
• Es incierta. Podemos planear, desear, trabajar para alcanzar un objetivo, pero no estamos seguros de lo que pasará con nosotros.
• Tenemos pérdidas. Los tanatólogos dicen que desde el primer segundo de nacer estamos en un balance de pérdida-ganancia. Siempre que perdemos algo, inminentemente también tenemos un beneficio.
El oficio de vivir es una carrera que tiene materias difíciles de acreditar, como aceptar que nacemos y morimos solos.
Nada es de nadie, no pertenezco a ninguno, ni nadie es mío.
Si la estás pasando bien y eres muy feliz, atesóralo y guarda esa experiencia en tu corazón, porque aunque no lo queramos, parará en algún momento o cambiará. Si la estás pasando mal y sufres, has lo que te toca y aprende.
Nunca dejamos el aula de la vida hasta que morimos inconclusos, tristes, con materias truncas o bien dejamos esta vida graduándonos con toga y birrete, dejando huella y constancia de nuestro fructífero paso por esta tierra.